Día 8. Notre-Dame de Trédos – Lac du Salagou

06/08/2020

62 km

Entre 35° °c y 42°c

Comenzamos nuestro día con un buen desayuno, simple pero perfecto para nuestra rutina. A diferencia de las otras veces, tomamos un camino diferente, con bajadas como nos gustan.

Ya bajando a la carretera principal tomamos lo que llaman una « voie verte » o vía verde la cual está hecha principalmente para las bicicletas.

Por esta nos fuimos hasta la Ciudad de Bédarieux. Haciendo antes una pausa por el pueblo de Olargues (uno de los pueblos más bonitos en Francia, según una lista o algo así). Por allí había pasado el año pasado y sin quererlo pasé de nuevo, recordando a la señora donde había comprado el queso y también la panadería (sin nada interesante).

En Bédarieux, bajo un calor infernal logramos encontrar un parque donde almorzamos en una sombra que por supuesto desaparecía con el pasar de los minutos.

Nuestra destinación del día era el Lac de Salagou.

Pero antes había que sudarla, en una subida corta pero bien fuerte, la cual nos llevó a un pueblito « Carlenças-et-Levas », así de esos bien antiguos donde no pasa ni un alma. Allí descubrimos que era conocido por el cultivo de garbanzos y también por tener unos doce pozos de agua.

Desde unos cuantos kilómetros atrás, notábamos un cambio drástico en el color de la tierra. Está era roja y parecía otro país, por momentos pensaba como si fuera hacia Tunja, donde se entremezclan diferentes tipos de tierra.

Le llaman el desierto rojo, literal un desierto con un castillo bien antiguo o más bien sus ruinas en lo alto de una colina. Color rojizo que parecía otro mundo, entre sus capaz de colores, daban ganas de tomarla entre las manos.

Este mismo desierto rojo tiene reservas  de uranio. Un inhóspito lugar,  que nos recibio con una enorme bajada,  llevándonos por entre planicies de uvas (como por todo el sur de Francia por doquier se ven cientos de cultivos de uvas, pero muy poco o rara vez o nunca a la venta!).

De a pocos, fuimos viendo una laguna, de tamaño enorme sin saber hasta dónde llegaba o hasta donde iba, es algo así como la laguna de Tota, pero a la manera europea.

Primero, descansamos y me fui yo en modo de reconocimiento, viendo dónde poner nuestra carpa en la noche. Sin tener mucha agua y con tan solo un restaurante y su camping para llenar agua, decidimos comer allí, eso sí lleno completamente. De este no dábamos ni teníamos la más mínima esperanza y de allí salimos bien llenos con barriga contenta!

Y bueno lo vegetariano es difícil en restaurantes por aquello de no comer la mini ensalada. Así que hemos comido bastante pescado y frutos de mar por momentos.

Ya, siendo casi de noche plantamos nuestra carpa, estando en pleno terreno de hormigas, como suele serlo cualquier lugar donde allá tierra.

En el horizonte se veía la luna y el agua trasparente. Charlène decidió irse a bañar en plena oscuridad, mientras yo paseaba en los brazos de Morfeo.

Aquí, se termina nuestra primera semana.

Por el momento vamos: 421 kilómetros,

Hemos ascendido 4.728 metros y bajado 4.634 metros.

 

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