Día 6. Roubia – Notre-Dame de Trédos

04/08/2020

64 Km

En las últimas fotos vieron unos caracoles pegados a un poste. Al parecer hacían parte del ecosistema de esa zona por la que estábamos, y se veían de a cientos y miles por todo lado donde había viñedos. Al parecer, muchos de esos caracoles suben hasta la cima de lo que trepan para morir.

Pasamos nuestra noche en la casa del señor que no estaba, pero que nos dijo que podíamos entrar.

Arrancamos hacia un pueblo que se llama Minerve. Desde el principio comenzó la subida, cada vez más fuerte y más larga. De esa misma manera, se iba mostrando la magnitud de la naturaleza, las rocas en su gran magnitud, viendo por el lado derecho un hueco enorme, atravesando kilómetros y kilómetros. Las fotos describen más de lo que las palabras pueden decir. 

Al llegar allí, nos paseamos rápidamente por el pueblito. Emprendimos ruta, equivocándonos de ruta (dando la vuelta al bobo, pues por el pueblo se llegaba a una ruta que debíamos tomar).

Después de una breve pausa de un almuerzo de sándwich con queso, tomate, y pepino cohombro y un viento que nos quería arrasar nuestro almuerzo. Emprendimos de nuevo una subida de otro mundo, donde por unos siete kilómetros no paramos de subir, sin una sola sombra y con unos 40 °C de compañía.

De a pocos, fuimos bajando y así encontrándonos con los grandes y chicos pinos. Pasando en su mayoría por rutas departamentales o más bien rurales por las cuales a duras penas cruzamos unos cuatro carros.

Íbamos en camino hacia donde mi amigo Jérôme. Lo ideal era llevar quesos, pan y yogurt. Íbamos contra el tiempo pues cerraban un supermercado a las 19h30. Una gran bajada de unos 5 km nos ayudó a ganar velocidad y así lograr llegar cuatro minutos antes. Y gracias a dos abuelitas en plenas compras quienes ignoraban los parlantes diciendo que ya iban a cerrar.

Así que ya con comilona en mano, nos fuimos hacia Riols, donde se emprende la subida hacia donde Jérôme. Charlène la había sudado todo el camino y aún no sabía la última subida que le esperaba.

De a pocos fuimos subiendo 10 km. Unos 400 metros de subida.

Ya casi llegando a Notre-Dame-de-Tredos, Jérôme nos esperaba (él estaba cocinando y cuando vio mis últimos mensajes supuso que iba llegar bien tarde como el año pasado). 

Para la pequeña anécdota, el año pasado comencé mi recorrido en la ciudad de Castres, luego subí hasta el Pic de Nore, cruce por la montaña negra, y luego fui hasta donde Jérôme. Ese día llegue agotado pues había hecho 2.000 m de ascenso y unos 100 km.

Esta vez, el trayecto fue diferente, pero exigente. Hicimos 65 km y 1.300 metros de ascenso. 

Creo que Charlène no podía imaginar el por qué quería que conociera el lugar! Llegamos prácticamente en la oscuridad, comiendo melón y verduras con una lámpara frontal colgada en una cuerda!

¡Dormir no fue difícil!

 

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