Día 10. Cascade de la Vis – Miallet

08/08/2020

45 Km

Entre 38 °c y 42 °c

Se diría que el sol no nos abandona, nos persigue sin cesar hasta por la noche, donde sofoca el calor y la piel se pega contra el sleeping, como si por momentos fueran uno solo.

Comenzamos, en nuestro pequeño paraíso, con una buena ducha en el río. Parece que mi cuerpo se acostumbra al agua fría de los ríos. En cuanto a Charlène, eso es como agua caliente, por allá en las tierras de Bretaña el agua es bien fría, no tanto como la de nuestros paramos colombianos pero si como el río Guateque o alguna otra que se les venga en mente.

Ya con bicicletas listas, comenzamos pedaleando con un calor sofocante. En días como estos desearíamos quedarnos en un río metidos, pero debemos avanzar. Por momentos hacemos nuestras pausas para recargar agua o para echarnos un tarro entero encima y así bañarnos de nuevo por unos segundos.

Nuestra destinación es Anduze. En las fotos parece interesante, con un río y bueno en la imaginación todo es perfecto ¿no? 

Hicimos una pausa de almuerzo en un pueblito en Durfort. Entramos en un parquecito, con las ganas de recargar agua. Pero vaya sorpresa, la fuente de agua no servía.

Así que hicimos sándwiches con nuestros quesos derretidos que por momentos parecieran esos quesos de hoja. Entre mordiscos se cayó un pedazo de pan con oliva y pudimos ver y analizar cómo las hormigas se organizan para llevar la comida y como se multiplican entre ellas de manera extraordinaria! Por momentos, cuando se cruzan pareciera como si se dieran el beso de buenas tardes y continuarán su camino. Pero me imagino que el mensaje debe ser menos cariñoso y más informativo.

Seguimos nuestro camino hacia Anduze. Al llegar aquí nos encontramos con una marea de turistas la cual nos obligó a alejarnos más para poder acampar.

En la mayoría de los parques  nacionales y bosques es posible acampar de manera salvaje. Por lo tanto, averiguamos en la oficina de turismo quien nos dio una posible pista: ir en camino hacia Mialet.

Yendo hacia allí, encontramos parte de un bosque completamente quemado, pareciera como si fuese de ayer, sin poder realmente saber con exactitud hace cuánto tiempo fue esto. Unos 10 kilómetros más lejos, encontramos una vía que podría llevarnos a algún lugar interesante.

Siguiendo un camino al lado del río, pudimos encontrar una playa privada, al lado del río. Aquí pudimos bañarnos, cocinar y ver miles de estrellas antes de dormir.

Así se termina nuestro día, bajo un cielo sin nubes, con truenos que caen no muy lejos en pleno parque regional de Cévennes.

 

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